Ram de Viu y el cinematógrafo -Mayo de cine y literatura-

Dedicamos este mes de mayo —«cuando hace la calor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor»— a la fructífera y estrecha relación que el cine y la literatura han mantenido desde que ambos dos existen. Sobre tal cuestión bien puede afirmarse que tradicionalmente tales lazos de unión, influencia o colaboración, han venido de la mano del teatro, la novela y la poesía, siendo esta última, quizá la más abstracta y excepcional de las tres. El caso es, que, queriendo las musas del Helicón que el motivo de esta entrada focalice su cámara en la poesía, y no habiendo mejor y más límpida forma de comenzar que AV OBO, se nos presenta, casi harto obligado, principiar esta colección temática con aquel al que se calificó, en su día, como el mejor poeta aragonés del siglo XIX: Luis Ram de Viu.

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Retrato de Luis Ram de Viu

        El poeta

Luis Ram de Viu (Zaragoza 1864-id. 1906) para más señas Barón de Hervés cuyo linaje tiene su casal en la localidad de Alcañiz, contando entre sus más destacables antepasados con el cardenal Domingo Ram, que jugó un papel importante en el celebérrimo Compromiso de Caspe (1412) actuando como uno de los representantes aragoneses que firmaron el acuerdo. Pero sin remontarnos a tan lejanos tiempos, de Luis, que es el que aquí nos interesa, cabe destacar que fue un poeta lírico el cual durante unos años, especialmente los de finales del siglo XIX, se lanzó a blandir su pluma imbuido de un lúgubre romanticismo, mientras recorría languidesciente los recovecos más recovequizados del cementerio de Torrero, para utilizar las lápidas como escritorios donde apoyarse. Así fue como este autor consiguió ganarse el sobrenombre de Poeta de los muertos. Su obra lírica comenzó a tomar forma con Amparo: poema en tres cantos (1884) seguida de la más conocida hoy día —gracias a la labor de la poeta y erudita María Ángeles Naval— Flores de muerto (1887). Otras posteriores con un tono más tradicional, severo o incluso apologético fueron Dos guitarras un libro de cantares realizado en comandita con Luis Royo Villanova,  Horas de luz (1894), Viva España (1898) poema vindicativo escrito tras el desastre de la contienda hispano-americana, o su obra póstuma Del fondo del alma (1908). Mención merecen sus colaboraciones en las principales revistas ilustradas y prensa diaria como La Ilustración Española y Americana, El gato Negro, Blanco y Negro, El Correo Catalán o el Diario Catalán entre otras. Estéticamente está influido, o se asemeja, a la tradición de Bécquer, Campoamor y Núñez de Arce; siendo, además, un excelente cultivador de las silvas tanto en rima consonante como arromanzada.

Murió Ram de Viu a comienzos de 1906 dejando preparado su poemario Del fondo del alma que recogía poemas nuevos y otros publicados en diversos medios periodísticos. Como recuerdo y homenaje del vate aragonés la Academia y Congregación de San Luis Gonzada organizó una velada lírico-necrológica donde varios excelsos poetas le rindieron honor dedicándole varios poemas; allí descollaron entonces algunos personajes que, como indica Mª Ángeles Naval, «pertenecen ya al contexto del modernismo regional» (Naval, 1996: 13). Mariano Baselga, uno de los partícipes de la velada elegíaca, además, pergeñó el prólogo al escritor aragonés: «Murió nuestro querido Luis dejando escrito el librito presente Del fondo del alma; quiso, en vida, que fuera yo su prologuista, cumplí su designio y pergeñé unas páginas familiares, sin otro tema que el cariño de por vida jurado y cumplido […]» (Baselga y Ramírez, 1908: VIII).

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Lámina conmemorativa de la Velada-Necrológica con los nombres de los participantes

        Poema ‘El cinematógrafo’

Pero como antes advertimos, si en este resumen, o entrada —que es más propio para el mundo bloguesco—, traemos a colación a Luis Ram de Viu, no es sino por ser uno de los primeros autores españoles, y el primer aragonés, que dedicó unos versos al nuevo prodigio de la Ciencia —y sobre todo del entretenimiento— que fue el cinematógrafo. Y es que nuestro vate, seguramente, entre sus paseos noctívagos y emulaciones del Tenorio, también tuvo tiempo de atender a las moderneces recreativas. Cabe recordar que dicho aparato, desde su patente en 1894 por los hermanos Lumière, no tardaría en llegar a la capital aragonesa gracias a Eduardo Jimeno Correas, autor de Salida de Misa de Doce del Pilar de Zaragoza (¿1897?), que proyectó la primera sesión con dicho invento el 14 de septiembre de 1896 en un local del Paseo Independencia número 27.

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Caricatura de Luis Ram de Viu en Aragón Ilustrado nº 4, (enero 1899)

Sea como fuere lo cierto es que nuestro Barón, en algún momento testigo de dicho invento francés y quedando, cuando menos, ensimismado por su utilidad, dejó constancia de sus impresiones por medio de una poema —silva cómo no— titulado ‘Cinematógrafo’, que sería publicado por primera vez en El diario de Ávila el 5 de noviembre de 1899 (de la Madrid, 1997: 326), y finalmente rescatado en su obra póstuma. En dicha composición se hace una clara mención a las primeras películas filmadas por los Lumière y Melière, que tan en boga estuvieron por los estertores del XIX, dando así cuenta de un cine en ciernes que más tenía que ver entonces con un divertimento de barraca de feria que con el llamado ‘séptimo arte’ por el que se le conocería ulteriormente.

Hoy de Ram de Viu, aparte de las aportaciones de Mª Ángeles Naval, y otros, en el mundo de la investigación y las Letras, queda como recordancia de él, una calle homónima en Zaragoza, la cual conserva algunos viejos palacetes primiseculares, casi, como últimos palenques de una forma de vida venida a menos, que un día brilló orgullosa y altiva, entre títulos, política y literatura.

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Palacete sito en la calle Ram de Viu

Por tanto, y para terminar, dejamos aquí constancia de —si no el primero— uno de los primeros testimonios poéticos sobre el cine que se registraron en nuestras Letras.

CINEMATÓGRAFO

¡Bello cinematógrafo!… ¡muy bello!
y al aire libre!… el inspirado artista
sacó partido!… el lienzo reproduce
las realidades todas de la vida;
las calles de París con su hormiguero
de coches y tranvías…
una boda saliendo de la iglesia…
paseo en una lancha por la ría…
los intermedios cómicos del Circo…
un paisaje de Suiza…
¡Oh!… ¡soberbia invención!… más ¿qué está haciendo
allí la multitud callada y fría?
¿Cómo no rompe en vítores y aplausos
ante esa maravilla?
¿Qué esperará?… ¡Aguardemos!
solo faltan tres vistas;
el tren que llega a la estación… las olas
del mar rompiendo bravas en la orilla…

* * *

¿Qué pasa? ¿Qué rabioso palmoteo
se escucha de repente?… ¿qué alegría
pone en tensión los nervios de la fiera
hace poco dormida?
¡Qué ha de ser!… que ya tiene
lo que forma su dicha;
las modernas conquistas del progreso;
la torpe desnudez provocativa;
la gota de veneno en todas partes
mezclada y desleída;
la libertad brutal de envilecerse;
lo que siempre le dan!… la bailarina!

Tras Ram de Viu, otros le seguirían también dedicando sus versos al cine: especialmente cuando la industria cinematográfica se desarrolló en las décadas de 1910 y 1920;  así, tenemos ejemplos conocidos de ultraístas como Juan Larrea, Lucía Sánchez Saornil, o el archifamoso Rafael Alberti con su Cita triste de Charlot, pero eso, mejor que lo cuenten otros.

BIBLIOGRAFÍA:
———————-

Baselga y Ramírez, Mariano, “Al lector”, en Ram de Viu, Luis (1908), Del fondo del alma: obras póstumas, Zaragoza, M. Escar tipógrafo, pp. VII-XXI.

De la Madrid, Juan Carlos (coord.) (1997), Primeros tiempos del cinematógrafo en España, Oviedo, Universidad de Oviedo.

Espasa-Calpe (1923), Enciclopedia Ilustrada Europea-Americana, Tomo 49, Bilbao, Espasa-Calpe.

GEA online: Gran Enciclopedia Aragonesa, “Cap. VIII. Cultura al final del siglo XIX en Aragón”, Monográficos: El fin del siglo XIX en Aragón, consultado el 8 de mayo de 2016 [http://www.enciclopediaaragonesa.com/monograficos/historia/siglo_XIX_en_aragonII/cultura_xix.asp]

Gimeno Arlanzón, Begoña, [http://aragonilustrado.blogspot.com.es/ search/label/Luis%20Ram%20de%20Viu] Consultado el 8 de mayo de 2016.

Naval, Mª Ángeles (1997), “Flores de muerto: Visiones de ultratumba y sentido común”,  en Ram de Viu (1887, ed 1997), Flores de muerto, Zaragoza, La Val de Onsera, pp. 5-27.

Ram de Viu, Luis  (1887, ed 1997), Flores de muerto, Zaragoza, La Val de Onsera.

— (1908), Del fondo del alma: obras póstumas, Zaragoza, M. Escar tipógrafo.

 

 

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Diciembre teatrero: Jacinto Benavente

    Contaba Pío Baroja en sus memorias que una de las tertulias más importantes hacia 1900 era la celebrada en el café de Madrid: allí, toda una “pléyade de jóvenes, aspirantes a la fama” se reunían en torno a algunas figuras como podían ser Valle-Inclán, Antonio Palomero o Jacinto Benavente, entre otros, para hablar de literatura, estéticas y otra suerte de lindeces semejantes propias entre personas de elevados pensamientos. De Jacinto Benavente, además, recordaba su impresión cuando lo vio por primera vez: “de pequeña estatura, de cara demacrada y morena, llevaba perilla y bigote mefistofélico […] Era prematuramente calvo y, para disimular su escaso pelo, de manera más alegórica que real, un delgado mechón partía de una sien y cruzaba la descampada frente hasta la otra sien”. Y es que quizá ese aspecto no muy agraciado del gran dramaturgo que tanto impactó al vasco, contrastaba con sus maneras delicadas y un hablar suave capaz de rebajar el tono más elevado de una discusión. Dicho lo cual, don Jacinto Benavente, no sabemos si por ese aspecto suyo, o quizá por una cuestión de escrúpulos, no era partidario de que los autores de una obra salieran a escena para ser aplaudidos; y tal es así que en una de sus crónicas dejó testimonio de un, cuando menos, curioso suceso acaecido precisamente por salir a escena:

    Benavente apareció tras finalizar su obra La comida de las fieras (1898) y en primera fila había un matrimonio cuya mujer, tras flechar el aspecto del dramaturgo, comentó sin corta pisas y con descaro a su marido: “Tiene cara de hambre como todos los escritores”. Resultó en esa ocasión que la cocinera de Benavente, gran admiradora por otro lado de su obra, se hallaba a su lado, y ni corta ni perezosa le espetó: “Está usted equivocada, señora; este no tiene hambre se lo digo yo a usted”.

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Jacinto Benavente y sus aires mefistofélicos

    Estos y otros lances sucedían a los autores que, agraciados o no por la Naturaleza, subían a escena. Como recordatorio del autor, y para poner en situación esta anécdota teatral, a continuación mostraremos el inicio de aquella obra que a buen seguro animó aquel día a la señora criticona, y todavía más a la orgullosa cocinera. Decir de La comida de las fieras que es una obra la cual resalta el cinismo de la burguesía española de la época. Veremos cómo se asiste a una subasta celebrada en un palacio, cuyos dueños miembros de una vieja y linajuda familia se han arruinado viéndose obligados a someter a puja sus bienes.

 * * *

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Cartel de la obra ‘La Comida de las fieras’

 LA COMIDA DE LAS FIERAS (1898)

Salón en un palacio. Profusión de muebles, de cuadros y de objeto artísticos; todo con papeletas numeradas, como catalogado para una subasta. Puerta de entrada a la derecha (espectador). Otra grande a la izquierda, que da entrada a la sala de ventas. Mesa a un lado en el fondo y sobre ella ejemplares del catálogo. En primer término, a la izquierda, un escaño forrado de terciopelo. Dos empleados vigilan en la sala. Algunos caballeros y señoras examinan los objetos.

ESCENA PRIMERA

Dos EMPLEADOS, dos SACERDOTES, LUIS TOMILLARES, señoras, caballeros.

Sacerdote (Al empleado.) ¿Sabe usted si ha empezado ya la subasta?

Emp. 1. Sí, señor; en este momento.

Sacer. ¿Hay mucha gente en el salón?

Emp. 1. No tanta como estos días pasados. Como hoy se subasta solamente cosas de iglesia… ¿sabe usted?… no le interesa a tanta gente. No es como los cuadros, los muebles…

Sacer. Es natural. (Al Sacerdote que le acompaña.) Vamos. (Saludando al Empleado.) Muy buenas tardes, y tantísimas gracias. (Entran en el salón de ventas los dos Sacerdotes.)

Tomillares. (Al Empleado.) ¿Hace usted el favor de un catálogo?

Emp. 1. Sí, señor; aquí tiene usted.

Tomi. Muchas gracias.

Emp. 1. Son dos pesetas.

Tomi. ¡Ah! Yo creí… Tome usted. Creí que no se vendía

Emp. 1. Es libro de mérito. Está escrito en tres idiomas…, como vienen muchos extranjeros… y tiene un prólogo de un académico de la Historia.

Tomi. Es de balde.

Emp. 1. El producto de la venta se destina á los establecimientos de Beneficencia.

Tomi. ¿Cómo? ¿Y los acreedores de la casa de Cerinola renuncian a ese pico?… Verdad es que algunos habrá por esos establecimientos de Beneficencia.

Emp. 1. Sí, señor, es posible; pero no crea usted que los acreedores sacarán mucho de esta subasta, desgraciadamente… Digo desgraciadamente, porque mi padre tenía acciones de la casa de Cerinola.

Tomi. ¡Es interesante!

Emp. 1. Sí, señor; todos sus ahorros. Por eso estoy colocado aquí, mientras dura la subasta.

[…]

‘Octubre’, el poema otoñal en la versión modernista de Francisco Villaespesa

villaespesaFrancisco Villaespesa, fue uno de los grandes abanderados del modernismo español, hoy un tanto olvidado debido a que su obra, si bien fue pródiga -quizá demasiado- y gozó de grande éxito en su época, no evolucionó como la de otros poetas tales  Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado. Pero la importancia del vate andaluz es innegable en dicho movimiento, el mismo Rubén Darío llegó, en 1906, a referirse a él de la siguiente forma:

Enamorado de todas las formas, seguidor de todas las maneras, hasta que se encontró él mismo, si es que se ha encontrado. Dice ya sus propios ensueños y canta su mundo interior de modo que, ciertamente, seduce y encanta. También es cierto que ha sufrido mucho, y que no hay mejores indicaciones que las de Nuestro Maestro el Dolor.

Villaespesa que comenzó su andadura con La copa del rey de Thule (1900) donde se habría a las formas métricas de los periodos prosódicos, y después El alto de los bohemios (1902), donde sincretizó el significado de bohemio en el mundo del arte con el de la gitanería, suponen junto a Rapsodias (1905), sus aportaciones más interesantes de los primeros años.

El poema que traemos aquí es Octubre, incluido en El alto… y está dedicado a otro de los exponents modernistas, y amigo de correrías por aquellos años, Manuel Machado. El poema recoge una estampa de bucólicos, y dionisíacos, vendimiadores que vuelven del trabajo, tocados de pámpanos y cargados de canéforas, entre risas, y animados por sus flautas a la luz otoñal de un crepúsculo.

Amorcillos vendimiando
Cupidos vendimiando

OCTUBRE

Para Manuel Machado.

Sólo un mirlo, burlón, silba en la copa
de un álamo que, tenue, mece el viento.
De pronto, una canción dulce y lejana
turba de las campiñas el silencio…

Son los vendimiadores. Ellas, rojas,
de pámpanos ceñidos los cabellos,
y temblando en las redes del corpiño
las cándidas palomas de los senos,
vienen cantando el himno del otoño;
con los brazos en alto, sosteniendo
sobre sus frentes por el sol tostadas,
con gracia de canéforas, en cestos
de mimbre, los racimos donde hierve
la divina embriaguez del vino nuevo.

Ellos detrás, alegres y danzantes,
atraviesan los húmedos senderos,
con la flauta en el labio, y temblorosos
sobre el registro de movibles dedos.

Cruzan hollando las marchitas hojas…
Entre rumor de risas y de besos
se pierden cadencias de la música
y en lentas gradaciones van muriendo.

En los lejanos bosques llamearon
los resplandores de otoñal incendio.
El humo de los últimos hogares
elevábase, rígido, a los cielos.

Una hoja seca palpitó en los aires,
entre las ramas onduló un momento,
y cual dorada mariposa herida,
aleteando descendió hasta el suelo.

POETAS ARAGONESES: Daniel Romeo o el arte ‘mientomentodo’

Daniel Romeo (Zaragoza, 1994) es un joven escritor que de un tiempo a esta parte viene sorprendiendo en los eventos poéticos con grande alarde de versatilidad y firmeza; este joven artista, además, no solo se dedica a la poesía —motivo de esta nuestra presente entrada—, sino que también es diestro en otros géneros como los relatos y ¡los guiones cinematográficos!

Daniel Romeo

Daniel Romeo

Romeo, que con apenas catorce años blasonaba ya los laureles de Erato, tuvo como primerizo faro en el que guiarse al inmortal G. A. Bécquer; entonces su corazón palpitaba, como el de otros muchos infantes poetas del viejo solar hispano, con aquellos versos románticos que rezaban: “Despierta, tiemblo al mirarte/ dormida me atrevo a verte/ por eso, alma de mi alma/ yo velo mientras tú duermes/”. Sin embargo el poeta creció, y con él sus gustos estéticos fueron remozándose y ganando en fuerza y arrogancia: entonces Daniel Romeo se acercó, con la rebeldía propia del adolescente, a bandas de rock tales Extremoduro, Marea o Sínkope, donde halló, de su mano, a nuevos poetas como Sor Kampana o Marcos Ana; de hecho, ‘León manso come mierda’, del vocalista de Marea Kutxi Romero, fue uno de los primeros libros que consiguieron emocionarle de verdad según llegó a confesarnos en discreto conciliábulo.

Pero tras esos inicios, titubeos, delirios y trabajos literarios, ya más acendrado su particular acervo, sería en los escritores malditos de reconocida prez internacional como Pizarnik, Panero, o el siempre irreverente —y algo mainstream— de Bukowski donde hallaría un sólido cimiento para su nuevo devenir poético. Así, en los poemas que conforman su colección Mientomentodo, Romeo, sin desprenderse de ese atávico halo romántico al interpelar en sus poemas a una indeterminada mujer fatal —un ser femenino que en algún momento pareciera la propia Dama de Luto—, también sabe modernizar su poética en un coqueteo constante con el más allá, dentro de una cotidianeidad suburbial y underground que lo particularizan, llenando, además, sus páginas con un acertado efectismo capaz de crear una atmósfera extraña donde la pesadumbre y el malheur sobrecogen sobremanera al lector.

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Cabecera promocional de ‘Mientomentodo’

Y pese a todo, como antes mencionamos, Daniel Romeo no se conforma con la faceta de poeta, y de tal forma se halla sumergido en otros proyectos culturales: dejando a un lado su muy próxima ópera prima de Mientomentodo, de la cual expondremos algunos poemas para que el anónimo lector pueda juzgar por sí mismo el mencionado talento; también da rienda suelta a su ingenio en Ambigua Editorial siendo allí partícipe, y hacedor, del próximo lanzamiento de una novísima revista interdisciplinar que aunará relatos, poemas, ensayos, fotografía e ilustraciones; y por último, y no menos importante, Daniel Romeo se encuentra enredado en varios proyectos audiovisuales donde, como bien indicó, trabaja bajo la “categoría de guionista”.

Así pues, no queda más por nuestra parte que dar la bienvenida a este poeta, el cual parece decidido a firmar su cédula de vecindad en el lírico panorama zaragozano, con una sólida rúbrica de acero. ¡Salve Daniel!, y que los númenes te sean propicios.

Poemas de la colección Mientomentodo (sin publicar):

MAREA NEGRA

Y en un mal día
arrojamos miles de satélites
en todas direcciones.
¿De qué Gran Diluvio
pretendemos salvarnos?

Esta tormenta plástica no es otra
que el lagrimeo de los petroleros.

Mira hacia arriba.

¿No ves caer negras gotas
de agua podrida?

El oleaje empuja con sus
tentáculos de rotulador permanente.

Déjate manchar los párpados
y comprende.

Tendremos que hacer volar
aves de estiércol;
tendremos que hacer rugir
tigres de plastilina.

***

MISS OBLIVION

Siente mi aliento en tu mejilla muerta.

Mujer de perfil griego
cuyo nombre nadie ya recuerda.

Esa corona de flores negras
te asfixia como un salvavidas.

Mujer de las mejillas muertas,
tienes los pies fríos.

Nadie vendrá a buscarte hoy
(no tienen nada que olvidar).

***

TREINTA Y TANTOS

Y una vez más la nada

Los fósforos decapitados

La niebla.

Un traje nuevo
el terror.

El misterio del traje nuevo.

La sala de espera
del crematorio.

Número treinta y tantos.

La ciudad que avanza lenta,
atravesando el río.

***

APESTADOS

Por qué ventana del palacio nos colaremos,
dime si lo tienes ya todo planeado,
cómo nos burlaremos las rondas nocturnas,
con qué asestaremos el golpe mortal.

Dime si lo tienes ya todo planeado;
qué haremos cuando nos descubran en la alcoba
con un monarca de cartón colgado al techo
en el bautizo de nuestro hijo lobo.
¡Quedará tan roja la bilis
que por fin podrán confundirla con sangre!

Los dos juntos
haremos bajar a ese perro hasta el infierno.

Julio LGTB: Arthur Rimbaud y su ‘soneto al ojo del culo’

Arthur Rimbaud (Charleville, 20 de octubre de 1854 – Marsella, 10 de noviembre de 1891) fue uno de los poetas más singulares de la asegunda mitad del siglo XIX. Aparte de poeta precoz, pues ya escribía versos en latín con quince años, no deja de sorprender que con veinte años abandonara la literatura por tareas más mundanas. En sus pocos años como poeta, sin embargo, tuvo tiempo para revolucionar el panorama poético francés, y mantener una tórrida relación —poco encubierta—, con el poeta francés Paul Verlaine. De aquellos años de ‘idilio’, entre los peligrosos juegos que practicaban, y las tremendas borracheras de absenta que los dejaba aniquilados, Rimbaud y Verliane tuvieron tiempo de escribir algunos procaces y desvergonzados versos recogidos en el Álbum Zutique (Album de coña) y en la serie de tres sonetos consignada como LOS STUPRA.

Arthur Rimbaud
Arthur Rimbaud

Atendiendo a LOS STUPRA donde se hace una clara alusión a las relaciones homosexuales, quizá el más famoso de ellos resulte el tercero, al cual la crítica ha venido a titular como  SONETO AL OJO DEL CULO haciendo alusión, como no podía ser menos, al agujero excretor de su amante Verlaine de forma muy descriptiva.

Dejamos por tanto testimonio de dicho soneto para concluir con esta semana de poesía dedicada a la igualdad LGTB.

SONETO AL OJO DEL CULO (1871 o 1872)

Oscuro y fruncido como un clavel violeta,

él respira, humildemente agachado entre el musgo

húmedo todavía de amor que sigue la fuga suave

de las nalgas blancas hasta el corazón de su repulgo.

Filamentos parecidos a lágrimas de leche

han llorado bajo el viento cruel que los rechaza

a través de pequeños coágulos de marga rojiza

para irse a perder donde las pendiente los llamaba.

Mi sueño se abocó a menuda a su ventosa;

mi alma, del coito material celosa,

hizo allí su lagrimal salvaje y su nido de sollozos.

Es la oliva desfallecida y la flauta mimosa,

es el tubo por el que desciende la celeste peladilla,

Canaán femenino en las humedades cercadas.

Folclore y mitología: Ricardo Jaimes Freyre y la mitología nórdica

Ricardo Jaimes Freyre (1868-1933) fue el gran vate del modernismo boliviano, su importancia en la época vino avalada por sus estudios sobre el periodo prosódico y su aplicación en la métrica española. Pero Freyre no solo fue un erudito de la poesía, sino que también se diferenció de la mayoría de sus contemporáneos, como Rubén Darío, en que al contrario que estos, en lugar de evocar afiebradamente los mitos clásicos grecolatinos —que también—, Freyre se dejó llevar además por el oscuro, aguerrido y frío mundo de la mitología nórdica. En su poemario Castalia Bárbara (1899) ese universo queda recogido como un grito de agonía crepuscular, donde la écfrasis resulta de un efectismo trepidante.

Ricardo Jaimes Freyre
    Ricardo Jaimes Freyre

Quede aquí una pequeña muestra de este poeta hispanoamericano con una de sus mejores y más representativas composiciones.

EL CANTO DEL MAL

Canta Lok en la oscura región desolada,
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.
El Pastor apacienta su enorme rebaño de hielo,
que obedece, —gigantes que tiemblan—, la voz del Pastor.
Canta Lok a los vientos helados que pasan,
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.

Densa bruma se cierne. Las olas se rompen
en las rocas abruptas, con sordo fragor.
En su dorso sombrío se mece la barca salvaje
del guerrero de rojos cabellos, huraño y feroz.
Canta Lok a las olas rugientes que pasan,
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.

Cuando el himno del hierro se eleva al espacio
y a sus ecos responde siniestro clamor,
y en el foso, sagrado y profundo, la víctima busca,
con sus rígidos brazos tendidos, la sombra de Dios,
canta Lok a la pálida Muerte que pasa
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.

Poetas y drogas en mayo: Luis de Oteyza, ‘El ajenjo’

Una de las facetas que caracterizó al modernismo fue la de su corriente feísta, en tal contexto, la bohemia canalla llena de meretrices, tuberculosis, alcohol y demás drogas estuvo muy presente, no de forma impostada sino como experiencia vital. El opio, la morfina, el hachís, el ajenjo fueron algunas de las drogas más en boga en aquel periodo fini-primi-secular, y no pocos fueron los poetas que les dedicaron versos; por ejemplo Isaac Muñoz al opio o Valle-Inclán al hachís por mencionar tan solo dos. Pero en el caso que me trae aquí quiero rescatar, dicho sea de paso, la figura de un poeta poco conocido hoy, el cual tan solo figura en antologías, y que por su calidad bien merecería que su obra lírica fuera recogida y reeditada en una antología. Me refiero a Luis de Oteyza (1883-1861): poeta, prosista, y sobre todo un destacado periodista que llegó a entrevistar al rebelde rifeño Abd-el-Krim; su trabajo literario traspasó lo que sería el modernismo para entrar en la estela de esos discutidos autores llamados novecentistas, si bien aquí, en lo que respecta a su obra poética compuesta por tres poemarios de juventud —Flores de almendro (1903), Brumas (1905) y Baladas (1908)— queda enmarcada en la corriente modernista. Como poeta Oteyza resulta ya de por sí interesante por el tratamiento medieval que hace de sus baladas y canciones descollando alguna como su lírica Balada a Heine. Pues bien, Oteyza como no podía ser menos, no estuvo ajeno a la moda de la experimentación por medio de las drogas, y entre sus versos encontramos uno dedicado al ajenjo —elixir esmeralda de los vates de la época y causa de sus dichas y de sus miserias— que aquí he querido recoger, dando muestra así de aquella exquisitez y pesimismo que tanto le caracterizaron en su poética, siendo lo suficiente madura como para no caer en el patetismo.

El bebedor de absenta, de Viktor Oliva
El bebedor de absenta, de Viktor Oliva

AJENJO (poemario Brumas 1905)

Verted en mi copa
ajenjo.
Verted en mi copa las líquidas gemas
del verde veneno.

El néctar amargo,
de artistas bohemios,
da vida matando
a los seres que viven muriendo.

Morfina del alma
es el verde ajenjo.

Los que me censuran son necios que ignoran
el santo consuelo
que es para los tristes, en las misteriosas
selvas del Ensueño,
hundirse perdidos
afanes y anhelos;
y en la loca quimera
vivir los recuerdos.

Amargor dulcísimo
de besos
mezclados con lágrimas el verde néctar
y creo beberlo
que la muerte me besa en los labios
con su helado beso.
Con su helado beso que trae el descanso eterno.
Ya sé que me mata,
por eso lo bebo.

Verted en mi copa
ajenjo.
Verted en mi copa las líquidas gemas
del verde veneno.

La metaliteratura en ‘El frac azul’

La obra de tintes folletinescos El frac azul (1864) del aclamado escritor valenciano Pérez Escrich (Valencia, 1829 – Madrid, 1897), goza aún hoy de particular interés para todos aquellos que hayan profundizado, o quieran profundizar, en el mundo de la bohemia española del periodo isabelino. En dicha obra se concentran gran cantidad de asuntos relacionados con la vida literaria y la metaliteratura: reflexiones sobre el arte, la bohemia, el mundo de las tertulias de café, la dificultad para publicar en el teatro, etc. Aquí vamos a dejar constancia de un de aquellos aspectos referidos que como decía el erudito Nil Santiáchez-Tío fueron preconizando ya lo que ulteriormente sería la ficción modernista tran pródiga en asuntos metaliterarios.

Enrique Pérez Escrich
Enrique Pérez Escrich

El protagonista de la novela —Elías Gómez—, es un joven llegado de provincias con aspiraciones como dramaturgo que pronto se topará con la difícil realidad, al descubrir la dificultad que presentaba estrenar una obra dramática en un teatro capitalino. En su periplo por alcanzar la tan ansiada gloria, Elías se verá compelido a desempeñar oficios varios, más o menos relacionados con el mundo de las Letras: desde atender encargos como preámbulos y discursos para una escuela de arquitectura, pasando por un memorial para Isabel II, o el que aquí vamos a atender, el de la escritura de populares romances y aleluyas de ciego para un librero-editor. Elías Gómez, así, se convierte en el arquetipo del joven bohemio español de mediados del antepasado siglo, el cual, además,  no será otro  que un trasunto del propio Pérez Escrich.

Grabado de la novela
Grabado de la novela

A continuación se transcribe una escena de la novela donde se muestra  con verosimilitud y crítica, la situación de imposición y abuso por la que pasaban los jóvenes aspirantes de las Letras, a cargo de sus mencionados editores.

El editor miró al ciego, pero éste, que no pudo ver la mirada que
le dirigian, guardó silencio.

-¿Qué asunto le parece á usted que toquemos, señor Bruno?-
preguntó el librero.

El ciego se cogió la barba, y concentrando toda la fuerza
de su pensamiento en las tinieblas de sus ojos, dijo, despues
de una pausa:

-Sería conveniente escribir algo sobre ese célebre maragato
que, despues de matar á su mujer y á sus hijos se hizo
bandido y cometió crímenes muy gordos. Entre estos crímenes
puede ponerse que se comió a un cura, y otras cosas por el estilo.
Sin olvidar, por supuesto, que al fin le dieron garrote, y
que en la capilla escribió una carta pidiendo perdon de sus
maldades.

-¡Buen pensamiento! -exclamó alborozado el librero. De ese
romance tengo la seguridad de vender veinte resmas. ¿Qué
título cree usted que se le debe poner para que llame la
atencion, señor Bruno? Meditó el ciego un momento, y luégo dijo:

-Debemos titularle de este modo: El terrible Maragato,
Tragahombres el Cruel.

El editor estuvo a punto de abrazar al ciego.

-¿Cree usted, señor Bruno, que se debe hacer aleluya, o
romance? -volvió a decir.

-Eso debe ser romance, con una estampa al principio que
represente al cura colgado de un árbol por una pierna y abierto
en canal, y al maragato, hombre de pelo en pecho y bizco,
con un cuchillo enorme en la mano.

El contento del librero llegó hasta lo inverosímil.

Elías miró al ciego, creyendo ver en él algo del repugnante
tipo de Luis XI de Francia.

-Bueno, bueno,-repuso el librero; -ya tenemos uno, el
del maragato; ahora otro.

El ciego indicó cuatro asuntos más.

La flexible musa de Elías, cautiva por las terribles cadenas
de la necesidad, tuvo que aceptar los asuntos que se le
daban, por más absurdos y disparatados que fuesen.

Cuando salió de la tienda no pudo ménos de exhalar un
suspire y decirse:

-¡Ánimo, Elías! La virginidad de tu musa va a profanarse
por algunos napoleones; pero es preciso vivir y luchar. ¡Quién
sabe lo que te espera!

Elías escribió treinta romances y doce pliegos de aleluyas.
Este trabajo le valió cuarenta y dos napoleones, cobrados
en cuarenta y dos veces; es decir, que pudo comer dos meses
sin ser gravoso á la amistad.

Pero ¡ay! un dia el librero le dijo que no tomaba más romances,
porque los tiempos estaban malos, y de este modo vio
agotado el amargo filon que sufragaba sus modestas necesidades.

(Fragmento de El frac azul, “Cuestión de honra” Cap. XX)

“Febrero en femenino”: DELMIRA AGUSTINI, SENSIBILIDAD, LIRISMO Y DOLOR

Delmira Agustini (Uruguay 1886-1914) fue una poeta intersecular que desde muy joven hizo gala de una gran sensibilidad; cursó estudios en francés, música y pintura, amén de componer versos desde los diez años, todo ello siempre promovido por unos padres volcados hacia ella. De cautivadora presencia, su personalidad se desenvolvió entre una dicotomía personal donde si bien por un lado, y de cara al exterior, se mostraba como una exquisita mujer de refinados modales, en su interior guardaba un profundo acendramiento sensitivo de caracter hiperestésico, el cual, se vería acrecentado cuando principió  una tortuosa relación con el que sería su amante y marido, y finalmente su asesino Enrique Job Reyes. Delmira Agustini, dentro de la poesía femenina posmodernista es una abanderada de otras liróforas hispanoamericanas tales la malograda Agustina Storni o la nóbel Gabriela Mistral, tanto fue así  que el propio príncipe de las letras castellanas Rubén Darío escribió sobre ella: “”Si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de lengua española. Sinceridad, encanto y fantasía, he allí las cualidades de esta deliciosa musa”.

Delmira Agustini
Delmira Agustini

La poesía de Delmira está llena de una extraña y oscura simbología, que transita entre el viejo romanticismo y el rampante modernismo, las pulsiones de lo tormentoso y oscuro van de la mano con lo sublime y luminoso; Eros es voluptuoso y a la vez produce dolor, no pasa desapercibido para la crítica como se entrevelan ciertos tintes baudelerianos que en ocasiones rozan con el sadomasoquismo. En conclusión, Delmira Agustini se descubre al lector como una de las poetas más interesantes —en lengua castellana— de su tiempo, de lectura más que obligada para aquellas personas con los sentidos abiertos y un mínimo de sensibilidad,  sus cincelados versos llegan a saborearse como auténticos elixires escanciados en copas de engastados decadentismos.

Las obras poéticas de la uruguaya son El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910), Los cálices vacíos (1913). Ya muerta ella se recopilaron sus obras completas con poemas inéditos en dos volúmenes llamados El rosario de Eros y Los astros del Abismo.

EL VAMPIRO

En el regazo de la tarde triste
Yo invoqué tu dolor… Sentirlo era
Sentirte el corazón! Palideciste
Hasta la voz, tus párpados de cera,

Bajaron… y callaste… y pareciste
Oír pasar la Muerte… Yo que abriera
Tu herida mordí en ella -¿me sentiste?-
Como en el oro de un panal mordiera !

Y exprimí más, traidora, dulcemente
Tu corazón herido mortalmente,
Por la cruel daga rara y exquisita
De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto!
Y las mil bocas de mi sed maldita
Tendí á esa fuente abierta en tu quebranto.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¿ Por qué fui tu vampiro de amargura ?…
¿ Soy flor ó estirpe de una especie obscura
Que come llagas y que bebe el llanto ?

(Cantos de la mañana, 1910)

OFRENDANDO EL LIBRO

 

A EROS

 

Porque haces tu can de la leona
más fuerte de la Vida, y la aprisiona
la cadena de rosas de tu brazo.
Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo
esencial de los troncos discordantes
del placer y el dolor, plantas gigantes.
Porque emerge en tu mano bella y fuerte,
como en broche de místicos diamantes
el más embriagador lis de la Muerte.
Porque sobre el Espacio te diviso,
puente de luz, perfume y melodía,
comunicando infierno y paraíso.
-Con alma fúlgida y carne sombría…

 

(Los cálices vacíos, 1913)

 


TU BOCA

Yo hacía una divina labor, sobre la roca
Creciente del Orgullo. De la vida lejana,
Algún pétalo vívido me voló en la mañana,
Algún beso en la noche. Tenaz como una loca,
Seguía mi divina labor de roca.

Cuando tu voz que funde como sacra campana
En la nota celeste la vibración humana,
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;

—¡Maravilloso nido del vértigo, tu boca!
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo.—

Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana;
¡Tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo!
Tú quedas en la testa soberbia de la roca,

Y yo caigo, sin fin, en el sangriento abismo!

(Los cálices vacíos, 1913)